Leah

La discriminación es un problema social tan real como el dembow. En países como Estados Unidos, frases como “mi negra” o “mi gordo” pudieran resultar en feas demandas millonarias y no creo estar exagerando (se ve de todo en la viña del Señor). Sea lo anterior realista o no, siempre me he preguntado porqué el menosprecio no entra dentro de lo discriminatorio. Es un problema social, no? Pienso que es hasta más común que la misma discriminación. En países como el mío la discriminación es algo tomado a burla, ya que frases como “tú si ere’ prieto, tan feo” (prieto es lo que le sigue a negro) y “te engañaron por rubia” son muy comunes y tomadas ligeramente; son frases que aunque tienen un alto contenido discriminatorio, pasan por buenas y válidas. No obstante, el simple hecho de que llame a alguien feo por ser prieto o a alguien bruta por ser rubia, implica cierta discriminación hacia la gente con piel oscura y hacia las chicas rubias, tanto natural como de farmacia. La realidad social es esta: cuando los rasgos físicos de una persona no cumplen con el estereotipo de belleza o de lo aceptado, hay libertad para el rechazo.

No exagero cuando digo que lo que no cabe dentro de los parámetros de belleza establecidos por la sociedad es rechazado. Y no sólo belleza. Me refiero a ideales, principios, valores, acciones… creencias. El rechazo y el menosprecio por físico y por creencias es más alto que el nivel de educación en el país… OKAY! Cualquier cosa es más alto que el nivel de educación en el país. Digamos, entonces, que más alto que los adeptos a una religión. El asunto está en que, pocos estamos del lado rechazado y mucho del lado de los que rechazan. Pero, está bien. Jesús nos advirtió acerca de esto. Nos dijo que bienaventurados somos si nos persiguen por Su causa. Dice la Biblia en 1 de Corintios 1: 27-28, que Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, lo débil para avergonzar a lo fuerte y lo vil y lo menospreciado del mundo, lo que no es para deshacer lo que es. Me identifico tanto con estos versículos. Hubo un momento en mi vida en el cual supe muy directamente lo que es ser menospreciada tanto por mi físico como por mi fe. (No es que soy fea, eh!) No obstante, hallé refugio, como siempre, en las dulces palabras de mi Salvador. Dios nos ha escogido, a nosotros, los que no somos nada para una sociedad corrupta, los que hemos sido menospreciados, lo vil del mundo, para glorificarse en nosotros de la manera más grandiosa e inimaginable.

Entonces, Michelle, ¿qué tiene que ver Leah con h en todo esto? Bueno. Si fuiste a la escuela dominical tal vez te habrán enseñado la historia de Jacob y Labán. Jacob, quien era hijo de Rebeca, esposa de Isaac, fue enviado por su madre donde su tío Labán a conseguir esposa. Lo genial del caso es que la que le gustó fue su prima, Raquel. Dicen por ahí que los primos se priman, pero entendiendo que no había mucha gente en aquel entonces, dejémosle pasar esta, sí? Dice la Biblia que fue amor a primera vista para Jacob ya que Raquel era de buen parecer… O sea, ‘taba buena. Y bueno, Raquel tenía una hermana llamada Leah con h (cuando se escribe en inglés), de la cual solo se describe que tenía ojos delicados. Qué fuerte, socio! Leah tenía ojos bonitos y YA. Sucede y viene al caso que por fuerza mayor, Jacob se termina casando con las dos– primero con Leah y luego con Raquel. Aún así, la diferencia existía. Jacob amaba a Raquel y Leah, pues, Leah seguía teniendo ojos delicados. Sin embargo, Leah tenía algo que Raquel no: fertilidad. En aquella época las mujeres estériles eran consideradas malditas. Incluso, estas eran víctimas de gran rechazo en la sociedad. En el caso de Jacob, no fue así. Jacob amaba a Raquel, no a Leah, así que solucionó las cosas de la siguiente forma: Leah con h me da hijos y Raquel me da felicidad. Una vez más, QUÉ FUERTE, SOCIO! Pero nada, así fue, Leah con h le dio a Jacob sus cuatro primeros hijos… de TRECE.

Qué ocurre con Leah? Pues Leah se sentía menospreciada, aún en su fertilidad. El primer hijo de Leah fue llamado Rubén, que significa “ha mirado Jehová mi aflicción, ahora me amará mi marido”. El segundo fue llamado Simeón, que significa “por cuanto oyó Jehová que era menospreciada, me ha dado también este”. El tercero fue llamado Leví, que significa “desde ahora se unirá mi marido conmigo, porque le he dado luz a tres hijos”. Detengo el conteo aquí. Leah estaba “down”. No imagino la tristeza que debía sentir al ver que sus esfuerzos para agradar a Jacob eran cada vez más deprimentes y cada vez menos efectivos. La cosa es que así somos nosotros. Buscando aceptación, buscando aprecio; somos capaces de hablar como hablan los demás, de actuar como actúan los demás… Nos pasamos la vida huyéndole tanto al rechazo que, en ocasiones, muchos de nosotros han cedido y han desertado. La fe de muchos ha flaqueado con las numerosas persecuciones a nuestra fe. En el caso de Leah, había tenido tres hijos con miras a que su marido, Jacob, la amara, pero nada pasaba. Me imagino que habrá pensado ” Me rindo! Además, la tercera es la vencida, no?” Sí, pero no. Cuando nos rendimos y reconocemos que no podemos, Dios entra en escena. Leah tuvo un cuarto y último hijo a quién llamó Judá. Judá no fue como sus tres hermanos. Judá fue el resultado del mayor descubrimiento de la vida de Leah. Judá significa “esta vez alabaré a Jehová”. WOW! Leah reaccionó! Esta vez no buscaría aprobación, aprecio, amor… Esta vez Leah alabaría a Jehová por que Jehová vio su aflicción y aún así estuvo con ella. No está de más decir que Leah con h es tátara x 1000 abuela de nuestro Salvador! Leah, la que había sido menospreciada. Es sorprendente como su descendencia Dios envió la salvación al mundo.

Dios no se equivoca cuando nos escoge. Pablo dice en Corintios que fue a lo vil, no a lo bueno, que a lo menospreciado, no a lo querido, que escogió Dios para que deshiciera lo que es con lo que no es. Puede que ahora solo veamos lo corrompido que estamos, pero Dios es el único capaz de hacer cosas inimaginables con los que uno menos cree.

Michelle

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