Viva la Vida

El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera. Ernest Hemingway

René Descartes, un renombrado filósofo y matemático francés, fue quien profesó la famosa frase “Pienso luego existo”. Para pensadores ilustrados como Descartes, Locke y Voltaire, la capacidad del hombre para razonar y experimentar a través del pensamiento es lo que le hace un ser vivo. Si pienso, entonces soy. Si pienso, entonces existo. Si pienso, entonces vivo. Atrevida como soy, refuto esta premisa. La vida es más que solo saber que estas vivo porque piensas o porque hablas o porque ríes, sueñas o respiras. La vida es el resultado del mismísimo aliento de Dios. No tenemos vida porque un esperma fertilizó un óvulo y poof surgió el bebe, o porque la cigüeña nos dejó en la puerta de la casa de nuestros padres. Tenemos vida porque el mismo aliento que Dios sopló en Adán cuando fue creado, ha permanecido en la cimiente de la humanidad, vivificando a cada ser humano cada día hasta su fin. Pero ese aliento que Dios sopló en aquel muñeco de barro le dio vida al muñeco, al ser, al físico. Como no había pecado, eso de la muerte no existía. Luego de que Adán peca, aunque el aliento bastó para mantener su físico vivo por un tiempo, el espíritu de eternidad que había dentro de él, murió y con el, la inmortalidad del hombre.

El tema de la vida y la inmortalidad me recuerda mucho a los zombies. Un zombie es una persona que aparenta estar sin vida y que es apática a la vida que le rodea. Algo así como un muerto viviente. Conozco a muchos y debo decir que son 100% reales. Una vez conocí a un zombie cuya frase favorita era YOLO. Hoy en día hay muchas series y películas relacionadas con zombies: The Walking Dead, Zombieland, Warm Bodies, World War Z, entre otras. Lo normal es que, cuando ven este tipo de películas o series, los espectadores se mentalizan de antemano ante la irrealidad del filme; porque, claro que es obvio que no sucederá el tal “apocalipsis zombie” del que todos hablan y todo es pura ficción. Pero (y te aconsejo que te prepares para lo que te voy a decir) hace tiempo que estamos en medio de un apocalipsis zombie. Estamos rodeados de muertos vivientes y de un sistema que es viral, letal y apocalíptico, el cual todos deciden aceptar como bueno y válido porque, bueno, eso es lo que existe y lo que está y esa es “la vida”. PERO NO. La vida no se trata de sobrevivirla, o de sobrellevarla. La vida se trata de prosperar, de disfrutar… de vivir. Aún nosotros, por estar pendientes a una serie de reglas que nos envuelven y nos hacen creer que ellas deben ser la base de nuestra relación con Dios, nos volvemos zombies– robots que solo responden al mandato de una doctrina inspirada por hombres, en vez de vivir plenamente, enfocados en la libertad que nos ofrece Dios a través de su Hijo y su Palabra.

El capítulo 14 del libro de Juan surge a raíz de dos cosas: el establecimiento del nuevo mandamiento (el del amor) y la advertencia de Jesús a Pedro cuando le dice que será negado por él. Luego dice que “poco después” Jesús habló con sus discípulos y les dijo que no se preocuparan, que confiaran en que Él les había dicho lo que haría y que esa es la verdad: que Él iría dentro de poco a preparar morada para ellos para que estuvieran juntos aún después de la muerte. Nosotros obviamente estamos incluidos en la oferta de vivir aún después de la muerte. No como zombies, si no como algo más hermoso, algo más celestial, algo sobrenatural. Algo que no tiene que ver con un virus terminando con la raza humana, o con muertos vivientes alimentándose de la vida humana para sobrevivir. Esto tiene que ver con lo que Cristo dijo en el versículo 6 del mismo capítulo 14 de Juan: “YO SOY LA VIDA.” Jesús es la razón de nuestra existencia. Ya sea que lo reconozcas o no, Jesús es quien, a través de su muerte y resurrección, nos dio vida para que no tuviéramos que deambular por la tierra los años que nos tocan como zombies, como cuerpos sin vida. Vivir no se trata de salir a bonches, ir a Ultra Music Festival o saltar desde un avión con paracaídas… Vivir no es YOLO. Si aún no lo sabes, sin Cristo, tu alma está perdida y tu espíritu no tiene vida eterna asegurada. Aunque camines por ahí creyendo que eres feliz, que lo tienes todo, que nada te falta y que estas vivo sin tener a Cristo en tu corazón, entonces el virus te alcanzó y, ya sea por “mordida” o porque “moriste con el virus de zombie en tu cuerpo” (sí, he visto The Walking Dead), eres un zombie.

Lo hermoso de la gracia y del perdón… lo hermoso de la vida que he decidido vivir es que he encontrado la cura para el virus. Recuerdo que cuando vi Warm Bodies (es como un Twilight, pero de zombies) me sentí bien al entender la cura que se decidió para el virus: el amor. Como ya saben, Dios es amor y Él demostró el verdadero amor a través de Jesucristo. La Biblia narra en el evangelio de Juan capítulo 11 que Lázaro, un amigo de Jesús, había muerto. Era aparentemente tarde cuando Jesús llegó a casa de sus familiares, María y Marta. No obstante, en esa aparente tardanza, Jesús, dirigiéndose a Marta y a nuestros corazones, dijo estas tremendas palabras: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto? [Jn. 11:25-26]. La cura radica en creer en el verdadero amor, en creer en Jesús. Él es el camino; Él es la verdad; Él es la vida. Jesús es la resurrección misma. Claro, Marta estaba en lo correcto. Lázaro resucitaría en el día final, como todos nosotros lo haremos. Pero, si leemos el capítulo entero, vemos como era necesario que este milagro ocurriera para que, miles de años más tarde, nosotros pudiéramos entender que las “leyes de la naturaleza” no van bien con Cristo. Cristo se burla del sistema. Cristo no tiene que ver con que estemos muertos espiritual o físicamente. Cristo es capaz de vivificar a la momia más antigua, al ateo más incrédulo y hasta al más “creyente” de todos los creyentes. La vida en Cristo es la vida original; la vida que es absolutamente eterna; la vida que Dios en un principio planeó para nosotros. Alguien una vez me dijo que la vida se trataba de “buscar el moro” en la calle– o sea, de trabajar y afanarse y pagar deudas y escribir cheques. Pero la vida en Cristo es una que no termina aunque los impuestos suban, aunque los cheques reboten y el cuerpo se apague. Si crees que, de alguna forma, te has dejado morir– ya sea por que no tienes a Cristo, o aún “teniéndolo” has permitido que tu espíritu muera por creer que la vida en Cristo se trata de esclavizarte a la religión, te invito a que te detengas, hagas una pausa en la eternidad y trates de verte en tu propio espejo. ¿Cómo te ves? ¿Te ves muerto? ¿Te ves medio muerto? ¿Te ves vivo? … ¿Estás vivo? Si estás muerto o medio muerto, te extiendo la invitación que una vez me hicieron: te invito a vivir. Te invito a vivir en y con Cristo. Si estás vivo, entonces te invito a a volver a vivir, todos los días. No es convertirte diario. Es  hacer que viva la vida eterna en ti todos los días que te quedan en esta tierra y aún después de que partas de ella. Este es el reto de la vida en Cristo.

Michelle

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