5 minutos más

“5 minutos más” fue tal vez la frase más famosa en el tiempo en que estuve en el colegio. Y tal vez después… y antes. En serio ya, quien nunca ha pedido cinco minutos más para dormir es porque nunca ha tenido que despertarse temprano. ¿Cuál es el asunto con dormir? … Mejor dicho (o escrito), ¿cuál es el asunto con el tiempo?

El tiempo es oro, dicen por ahí. Creo firmemente que, como seres humanos, nos molesta el hecho de que el tiempo sea el único recurso no renovable. El tiempo nos ha emboscado; nos encierra entre dos paredes: la primera con una puerta de entrada y la segunda con una puerta de salida, principio y fin, vida y muerte… Como sea que lo quieran ver, el tiempo nos limita. Lo cierto es, que le tememos al tiempo. Sabemos que no podemos ni volver en el pasado para corregir nuestros errores, detener el tiempo para evitar catástrofes presentes, o viajar al futuro para ver si las decisiones que tomamos nos dejarán en la bancarrota o nos llevarán al “éxito”.  Le tememos, también, porque no podemos controlarle. En lo personal, trato de evitar situaciones en las cuales sé que no podré tener algún tipo de control (una de las muchas cosas en las cuales Dios está trabajando en mí). Ahora, imagínense mi amistad con el tiempo… Es mi némesis. El tiempo es mi amigo de lejitos. Sé que no puedo controlarlo. No puedo decirle que se detenga para que me permita tomar las decisiones. No puedo extenderlo. No puedo acortarlo. No puedo acelerarlo. No puedo pedirle tiempo al tiempo. Yo no puedo… Pero, Dios sí puede. Y no es que Dios pueda pedirle al tiempo que se detenga o que haga equis cosa. El tiempo está en Él.

Hay ocasiones (como la presente) en las cuales creemos que el tiempo no nos rendirá, que 24 horas no son suficientes para realizar todo lo que planeamos para el día, o que el proceso de envejecimiento debería tardarse unos diez años más, para así poder lograr que nuestra juventud valga y sea memorable. Lo cierto es que todos nos hemos sentido con deseos de que el día se extienda, de que el año se extienda, de que la vida se extienda… Tal y como Josué. Debo confesar que cada vez que llega el lunes tengo una fuerte riña entre David y Josué para la posición de mi Man Crush Monday. Hoy no es lunes, pero ganó Josué. Él fue el primer hombre en la Biblia en pedirle a Dios más tiempo para hacer algo. En el capítulo 10 del libro de Josué vemos como los israelitas libran una batalla en contra de los amorreos. En este punto de la historia, los muros de Jericó habían ya caído, la ciudad de Hai había sido tomada y los gabaonitas habían sido desenmascarados y amistados por los israelitas. Debo decir que el cv del pueblo hebreo era demasiado “pro” para aquel tiempo. Todos los pueblos de alrededor sabían de Israel y su omnipotente Dios. Pero en ese momento, aún recordando todos los portentos y milagros que había hecho Dios hasta ahora, el tiempo estaba oscuro, el día estaba apunto de terminarse y Josué sabía que debía hacer algo. Y ¡por supuesto! ¿Cómo no lo había pensado antes? “Sol, luna… tómense un break, porfavor.” (v. 13) ¿En serio? Josué pudo haberle pedido al Señor que abriera la tierra para que se tragara a sus enemigos, que continuara enviando piedras desde el cielo, que los convirtiera en cactus…. LO QUE SEA. Pero he aquí, tenemos a un hombre que pidió 5 minutos más. Hoy en día sabemos que quien se detuvo fue la tierra, pero eso no es precisamente lo relevante. El Dios del tiempo, en quien Josué confiaba envidiablemente, detuvo la tierra…. detuvo el TIEMPO para entregarle la victoria a su pueblo de una forma extremadamente parafernálica. La Biblia narra que “no hubo un día como aquél, ni antes ni después de él, en que Jehová haya obedecido a la voz de un hombre, porque Jehová peleaba por Israel.” (v. 14)

Dios nunca deja de sorprenderme. Confieso que cuando comencé a escribir esta entrada, tenía en mi corazón concluir con que a Dios no se le piden 5 minutos más, basándome en como seres humanos, estamos sujetos al tiempo que Él determinó que viviéramos en esta tierra, lo cual es muy cierto. Sin embargo, hablaría sin fe si absolutizo aquella premisa. La palabra de Dios me enseña que por amor, por valentía, por pura gana y soberanía, mi Dios decidió darle “5 minutos más” a Josué en una hora oscura. Si bien es cierto que como seres humanos estamos infinitamente limitados por el tiempo terrenal, existe un Dios creador de todo, tiempo incluido, el cual no está sometido a lo que nos somete ni está limitado por nada ni por nadie. Sé que Dios nos dio “5 minutos más” en el Génesis cuando vistió a Adán y a Eva con la lana del cordero inocente que Él sacrificó por ellos. Así también sé que Dios nos dio “5 minutos más” cuando envió a Su Hijo como cordero expiatorio por nuestros pecados. La gracia infinita y sobreabundante de nuestro Señor es su forma de decirnos “Está bien… 5 minutos más”. Sin embargo, es necesario recordar que hasta esos 5 minutos, llegan a su fin.

Michelle

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