Amando a tu enemigo: Consejos prácticos para no perder la comunión

Confieso que no quería hablar de este tema. Tengo alrededor de 20 drafts guardados esperando ser terminados para publicarse como entradas del blog acerca de diversos temas muy divorciados de este, pero de alguna forma siempre terminaba pensando en esto. Al final, opté por desarrollar este tan delicado tema: el amor por los enemigos. Recuerdo que escuché a alguien decir una vez que debemos amar a nuestros enemigos. Ah, sí… ¡A JESÚS! ¿Saben algo? (Y les estoy siendo completamente transparente.) Mi problema no es el amar; mi problema es el amar a mis enemigos. Es que… señoras y señores, NO ES NADA FÁCIL. No me mal entiendan; no soy rencorosa. Pero el perdón, el pasar por alto las cosas, eso de sobrellevarse unos a los otros… Bueno, ¿cómo les explico? Cristo mismo tuvo que venir a darnos la mayor lección de perdón y amor para que pudiéramos aprender, porque aparentemente cuadros como el de David y Saúl no fueron suficientes para ilustrar la magnitud del perdón y del amor que debemos tener por nuestros enemigos. Nunca he escuchado de una persona con excelentes ideales con la cual TODOS estén de acuerdo. Siempre habrá una o varias personas que querrán llevarte la contraria en todo. Lo lamentable es que no todas las personas que nos hacen perder la comunión están “fuera del redil”. No siempre es el profesor de la universidad que es ateo por la semana o la vecina de al lado que escucha la música de Romeo Santos a todo volumen todos los días a las 5 de la tarde para que el barrio sepa que el novio la dejó quienes nos hacen la vida imposible. No. Existen hermanos y hermanas en la fe, los cuales, en ocasiones muy seguidas, se dejan usar por el enemigo para cambiar nuestra oración diaria. Por ejemplo, en vez de orar: “Señor, quiero estar en tu presencia, adorando con todos mis hermanos en la fe, por toda la eternidad”, oramos: “Padre, quiero estar en tu presencia, pero hay personas que quiero que lleguen más rápido para que puedan estar contigo primero que yo. Como fulano (ofulana). Así que dime, Señor. ¿Te lo llevas o te lo mando?”En estos últimos meses, Dios ha venido tratando este tema conmigo hasta el nivel del quebrantamiento. Este nivel solo está superado por el nivel Thor de humillación– ya se imaginan la gravedad del asunto. No obstante, Dios es tan genial que Él nunca nos permite salir de las pruebas sin una lección para compartir con los demás. En mi caso, aunque aún no he logrado salir de la tormenta, ya he aprendido algunas cosas que sé que pueden ser consejos muy prácticos para ayudarnos en el ejercicio del amor hacia los que nos hacen perder la comunión.

  • Consejo #1 – Siempre saluda con una sonrisa.

Es necesario recordar que solo tenemos un enemigo mortal y ese es Satanás. En el caso de esta entrada, cuando hablo de enemigo no me refiero a alguien que necesariamente busque tu destrucción, si no que es contrario a ti– no como un asunto de competencia, si no en un aspecto tanto moral como espiritual. Sabiendo eso, el primero consejo es: Saluda y sonríe. No hay nada más terapéutico que saludar con una sonrisa a la persona a la cual no le quieres dar ni la hora. Michelle, pero es que a mi ni me mira ni me saluda. Créanme que esta es tal vez la parte más difícil… tal vez. Debemos recordar que siempre debemos sobrellevarnos. Un saludo no quiere decir: HOLA! Seamos amigos por siempre. Saludar a tu enemigo quiere decir: HOLA! Te saludo y te bendigo porque estoy por encima de la contienda. Mi mamá siempre me recuerda la forma en que Pablo corría por encima de las vicisitudes de sus circunstancias, solo mirando el premio mayor que le esperaba al final del arduo recorrido. Él mismo dijo: Sed imitadores de mi como yo soy imitador de CRISTO [1 Corintios 11:1]. Imitemos (y sí, me estoy incluyendo) a Pablo en esto y pongámonos por encima de la contienda. Saluda y sonríe. (;

  • Consejo #2 – Invítalo a tu cumpleaños.

Mira el lado bueno: solo cumples años una vez al año. JAJA! No, okay. Con lo del cumpleaños me refiero a la cortesía. Ya saben, como cuando invitas a alguien a tu cumpleaños por cortesía… para que no se sienta mal. Eso de ser cortés va más allá del saludo. No le ignores si se te refiere. No utilices el sarcasmo contra él (o ella). Si te cortó los ojos, respira diez veces, reprende al diablo y sigue con tu vida. Si no te abrazó cuando el pastor dijo que se saludaran en el amor de Cristo durante el servicio, ve tú, abrázalo y haz lo correcto. Jesús, mientras impartía el Sermón del Monte en Mateo 5 (el cual va más allá de las bienaventuranzas) fue bien claro en cuanto a nuestra reacción cuando nos hicieran algo malo. Si te dan una bofetada en una mejilla, pon la otra. Si te quitan tu única túnica, da también tu capa. Si te han puesto a correr una milla, corre la milla extra. En otras palabras, mantén el buen comportamiento. Sé ejemplo. Sé humilde. Sé cortés. Cristo es el mejor ejemplo de cortesía. Él fue quien mientras era crucificado, no dijo más que lo necesario y lo preciso. Seamos como Cristo quien todos los años invita al mundo entero a celebrar la Navidad con Él. Invitemos hasta a nuestros enemigos a nuestro cumpleaños, todos los años, aunque decidan no asistir.

  • Consejo #3 – Cierra la boca.

A la mala aprendí que la amargura y el chisme son primos hermanos y se viven buscando en todos los lados. Lo más entretenido es hablar mal de la persona que te cae mal. Siempre existen tres mil razones para chismear acerca de alguien. ¿Alguna vez han escuchado el dicho “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”? Pues así es que funciona con el chisme. Hay muchas personas que solo son “amigas” entre sí porque tienen un enemigo en común. ¡Por Dios! Es la historia de todas las guerras. Pero esa no es la forma. Continuando en el versículo 43 de Mateo 5, Jesús muy bien dice que Él sabe que nos enseñaron a amar a quien nos ama y a odiar a quien no odia. Eso es lo fácil. Aprovechar cada oportunidad que tenemos para destruir la reputación de alguien que no nos agrada, o de alguien que nos hizo mal de ojo el otro día y de quien ni siquiera sabemos el nombre. Repito, esa no es la forma de Cristo. Dios nos manda a amar a nuestros enemigos. Él se encargará de ejercer justicia y venganza. Nuestra labor no es abrir la boca para chismear y expresar envidia. Estamos llamados a bendecir y a orar por quienes nos maldicen y buscan nuestro mal.

  • Consejo #4 – Véndelo a Dios… GRATIS.

La única manera en la que realmente puedes deshacerte de una cosa es tirándola a la basura. No estoy diciendo que el hermano que se sienta al lado de ti en la iglesia y no te deja ni parpadear por miedo a que peques es basura, pero sí estoy diciendo que, tal y como dispones de algo que no necesitas, de algo viejo o del algo que te hace mal, entrégale tu caso a Dios. Orar por quienes buscan nuestro mal es mejor mecanismo de defensa para una guerra interpersonal.  Regálale a Dios esa persona (o esas personas) que te sacan de tu casilla. Véndelos en oración… TODOS LOS DIAS. Verás como poco a poco Dios se irá encargando de arreglar lo que tenga que arreglar; y con arreglar no me refiero a unirlos como los mejores amigos. Yo entiendo (y esto es completamente subjetivo) que hay personas cuya personalidad, temperamento y estilo de vida nos pueden hacer daño de alguna forma, pero no es voluntad de Dios que vivamos en constante contienda con nuestros hermanos. Así que, a orar.

  • Consejo #5 – Perdónalo.

El famoso “Padre Nuestro” [Mateo 6:9-13] es una de las oraciones más hermosas que conozco. Cuando es orada, no como rezo, pero sí como una declaración que sale desde lo más profundo del corazón, es capaz de impactar nuestras vidas de una manera impresionante. Mi parte favorita es la que está en el versículo trece, cuando casi se termina la oración: “Tuyo es el reino, el poder y la gloria, por todos los siglos. Amén.” No obstante, la parte que más me llama la atención está en el versículo anterior a este, el doce: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a nuestros ofenden”. Jesús no nos enseñó a orar para pedirle a Dios que nos ayudara a perdonar. Lo que entiendo de esta parte es que, cuando oremos, debemos estar decididos a perdonar siempre cualquier ofensa, sabiendo que Dios es capaz de perdonarnos cualquier ofensa. Cuando alguien nos ofende constantemente, debemos perdonar por default. Claro, es más fácil dicho que hecho, pero así también fue el plan de la crucifixión y hace ya más de dos mil años que se logró consolidar la misión. Así que, si Cristo, quien es perfecto y quien, aún habiendo tenido la oportunidad de caer en tentación y pecar, no lo hizo, nosotros, quienes tenemos el mismo Espíritu que le levanto de los muertos, podremos perdonar una mísera cortada de ojos.

Michelle

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