Amor a Dieta

Tengo problemas serios con el Día de San Valentín. Para los que no creen en santos, es el Día del Amor y la Amistad. Para mí es simplemente el Día Internacional de la Concientización Masiva de la Soltería, o al menos así es para aquellos que aún no se han dado cuenta que deben comenzar a orar por el don de continencia por el cual pedía el Apóstol Pablo. Como sea, les decía que no me gusta el Día de San Valentín. Salomón escribió en Eclesiastés capítulo 3 que hay un tiempo para todo, pero en estos tiempos hay un día para todo– literalmente. Y no es que esté mal; es decir, ¡bien! ¿Qué sería de nosotros los estudiantes sin los días feriados? Sin embargo, días como el del “amor y la amistad” le dan al amor un significado tan comercial, superficial, ligero– ambiguo. Sí, ambiguo. Todos los años para estas fechas, el amor toma diferentes “formas de interpretación”: el amor es regalarle Hershey’s a tus amigos, invitar a salir a tu crush y pasar la velada románticamente revisando las redes sociales y chateando por el celular, tal vez enviar correos electrónicos con postales digitales a todas las personas en tu lista de contactos, o ir al cine para hacer de todo menos ver la película… INCLUSIVE, el amor en estos días es ceder tu virginidad a la persona que te lo pide por que bueno… eso es amor, ¿no?

Realmente yo no sé quien fue que le dijo al amor que estaba gordo, pero de verdad que se puso a dieta. El amor se ha puesto delgado, se ha puesto fácil, se ha puesto light. El amor se ha puesto en modo fit, adicto al gym y al crossfit. La gente se pone a sacarle cuadritos y signos de dinero al amor. Hoy en día, cualquier cosa es “amor”; y cualquier cosa puede ser CUALQUIER COSA. El amor puede ser un hashtag, de por Dios. Las canciones de estos tiempos solo se refieren al amor como algo de una sola noche, o como un cupón canjeable en el primer supermercado por dinero o fines de semana en hoteles de primera. Nadie busca compromiso al momento de “amar”. Nadie quiere ponerle peso a sus palabras, nadie quiere engordar su amor. Es más, el amor ha perdido tanto peso, que el odio se ha vuelto fácil de expresar y la ligereza del amor es cada día más notable. Por ejemplo:

  • Amo los días soleados.
  • Amo esa camisa.
  • Amo a Steve Jobs por crear Apple.
  • Amo el verde.
  • Amo ir de compras.
  • Amo dormir.
  • Amo comer.
  • Amo tener dinero.
  • Amo que me amen.

Y luego está…

  • Odio que me cuelguen la llamada sin despedirse.
  • Odio madrugar.
  • Odio mi trabajo.
  • Odio las cucarachas.
  • Odio esos zapatos.
  • Odio que me interrumpan cuando estoy hablando.
  • Odio que organicen mi desorden.
  • Odio el sistema operativo Android.
  • Odio el odio.

Ya no se habla de gusto. Ya no es “me gusta esto”, ni “esto no me gusta”. Se habla de odio. ¡ODIO por Dios santo! El odio es como el frío, como el blanco. Así como el frío es la ausencia del calor y el blanco la ausencia del color, el odio es la ausencia del amor. Anteriormente les había hablado de la importancia de conocer el amor, de conocer a Dios [haz click aquí para leer la entrada]. La Biblia dice que quien no ama no tiene a Dios porque Dios es amor [Juan 4:7-8]. Lo cierto es que quien no ama, odia. ¿Porqué creen que Cristo nos mandó a amar? Él quería asegurarse de que en nuestras vidas no hubiera espacio alguno para el odio– o mejor dicho, que en nuestros corazones solo hubiera espacio para el amor, para Él. El amor de Cristo es un amor pesado, un amor con mucho plomo, como dicen en mi país. El amor es tan fuerte que aún la fe y la esperanza fueran a perderse, el amor permanece [1 Cor. 13:13] porque no es algo que depende de nosotros sino de Dios, quien es el amor mismo. El asunto es que nadie quiere amar, pero todos quieren experimentar amor. Por ahí suena una canción llamada “Skinny Love” (Amor delgado). La canción inicia diciendo “Vamos! Amor delgado. Por favor, bástame por el resto del año.” Me imagino la clase de amor que la persona que escribió está canción estaba recibiendo. Un amor barato, delgado– un amor a dieta. Juan 3:16 dice “de tal manera”. Cristo no podía explicarle a Nicodemo la mensura del amor de Dios al mundo, por lo menos no en una forma que su finita mente humana pudiera entender. Tanto, tanto, tanto es el amor del Padre para con nosotros que no estimó su gloria, y se despojó de sí mismo para brindarnos el amor más pesado– más hermoso– de todos. Un amor que nunca estará sobrevalorado. 1 de Corintios 13 habla del verdadero significado del amor. El amor no es egoísta, el amor es sufrido. El amor no es ajeno a lo que pasa a su alrededor, el amor es benigno, paciente; soporta, cree y espera todo. Pero sobre todo, el amor es eterno: nunca deja de ser. Todo pasará: profecías, sermones, conciertos, viajes misioneros, coreografías, Chuck Norris, etc. Pero si hay algo que nunca dejará de ser es el amor, el cual ha sido manifestado a nosotros a través de Cristo, para la salvación y redención de todo el que en Él crea. Debemos seguir el amor, debemos disfrutar el amor, debemos alimentar y hacer crecer el amor en nuestras vidas y entornos; y debemos siempre recordar que el amor del Padre hacia nosotros es un amor que de vida, comprada a precio de sangre; un amor que nunca está a dieta, si no que está sobre nosotros con todo su peso y toda su inmensidad para hacernos sentir amados y para poder amar.

 

Michelle

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