Cuentos que no son cuentos

Érase una vez, existía un mundo donde Disney aún no había tergiversado las clásicas historias de los clásicos escritores. Me he tomado la libertad de arruinarles su niñez en 3, 2, 1…

Todos saben que La Sirenita es la historia de una bella sirena con hermosa voz llamada Ariel, cuyo padre, Tritón, era el rey del mar. Ariel se enamora de un príncipe llamado Eric, hace un pacto con la bruja del océano, Úrsula, la cual le da pies a cambio de su voz. Después de varios eventos desafortunados, Ariel logra casarse con el príncipe y viven felices para siempre. LES CUENTO que en la historia original, las piernas dadas a Ariel por Úrsula le dolían como el corte de mil cuchillos bien afilados. Después de muchos intentos de bailar con el príncipe para que se enamorara de ella, Eric se enamora de otra y Ariel, como no pudo cumplir su cometido, se suicida, convirtiéndose en espuma de mar. Por otro lado, Disney nos asegura que Peter Pan es el chico que nunca creció. Él vivía en la Tierra del Nunca Jamás con los niños perdidos y Campanita. Tenían muchas aventuras, peleaban contra los piratas, etc. Pero James M. Barrie, el autor con una vida tan trágica como su novela, realmente contemplaba que solo Peter no crecía. Cuando los niños perdidos llegaban a una edad que Peter contemplaba “adulta”, él los mataba y buscaba más, haciendo que variaran en número.

¡Qué triste! Momentos como este me hacen creer que he vivido una mentira… ¡Una mentira! Y bien, entonces, es hora de demostrar mi punto. Les prometo que arruinar su niñez valdrá la pena en unos minutos. Para mí fue muy traumatizante descubrir la verdad detrás de historias como las de Peter Pan y Ariel (y eso, que obvié Blanca Nieves, La Cenicienta, La Bella y la Bestia, las diferentes versiones de la Princesa y el Sapo, entre otras). Fue casi tan traumatizante como el día en que me dijeron que Santa Claus no era real. CRÉANME. Es increíble como estas mínimas modificaciones a estas historias hacen que el “vivieron felices para siempre” nazca como el lema de los cuentos de hadas contemporáneos, cuando en verdad los cuentos de hadas originales eran tan horríficos como Annabelle y The Grudge. La mayoría de estas películas nos muestran cuentos e historias que no son simples cuentos e historias: son la verdad alterada para el deleite de un público específico, algo así como Once Upon a Time. Pero, está bien ¿no? Se alteró la verdad para hacer todo más interesante… para que llame la atención. Fue algo.. sutil. PUES NO. Así de sutilmente se ha filtrado la mentira en nuestras vidas para hacer de ellas algo “más interesante”. La sutileza de la mentira le ha dado hasta colores y adjetivos al “arte de mentir”. Las mentiras de hoy pueden ser blancas, negras o piadosas. Tristemente y en muchas ocasiones, la mentira es nuestro primer recurso a acudir para librarnos de situaciones incómodas. Les muestro:

  1. Llamada telefónica – “Aló, ¿sí? ¿Está Juan? Es el cobrador.” [JUAN! ES PARA TI! EL COBRADOR!] (DILE QUE NO ESTOY!) [Señor cobrador, Juan dice que no está.]
  2. Mensaje de texto – Loco, por donde andas? // (rodando la cortina del baño) ‘Toy llegando, man.
  3. Al profesor, después de un fin de semana largo en un hotel – Todos entreguen su tarea. Juan, ¿porqué no has entregado tu tarea? // Verá profesor, es que… Es que este fin de semana mi abuela se murió de un ataque cardíaco porque el perro no había comido y comenzó a ladrar y luego el vecino entró porque necesitaba azúcar y comenzó a gritar “Doña, doña, el azúcar!” y ella se asustó y se cayó y tuvieron que llevarla al hospital; pero entonces, cuando estaba en el hospital, sucede que era en Nueva York, y ese día justamente Hulk estaba por ahí destruyendo edificios y el edificio del hospital donde estaba mi abuela sufrió grandes daños… pero el ataque realmente le dio cuando vio a Iron Man, por razones obvias… y luego tuve que llamar a la Mujer Alcón para que me llevara a Nueva York al funeral y por eso profesor, no pude hacerle la tarea de sumar 2+2.

Señores, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…. y ESO es lo que duele. ¿Porqué será que, de todos los pecados existentes, tenemos una facilidad para mentir aún sin darnos cuenta? ¿Porqué decir que leíste 10 páginas si solo leíste 2? ¿Porqué decir que irás a equis sitio si sabes muy bien que ese día no puedes porque tienes otro compromiso? ¿Porqué mentir cuando puedes decir la verdad? Es más, me incluyo en todo esto. Mentir es el pecado más común. Mentir envuelve desobediencia, engaño, hurto, plagio. Mentir es como consumir marihuana. La marihuana no crea adicción, pero le llaman la gateway drug. Es una sustancia a la cual tu cuerpo crea tolerancia. Llega un momento en el cual tu cuerpo querrá más y la marihuana no podrá dártelo; es entonces cuando se comienza a experimentar con sustancias más “fuertes”, las cuales sí pueden crear adicción. Sucede lo mismo con la mentira. Mientes un día para librarte de un compromiso no querido. Luego se te olvida hacer el trabajo que debías entregar y mientes para que te den prórroga. Luego tus padres te piden que ordenes tu cuarto y escondes toda la ropa bajo tu cama y dices que lo hiciste. Cuando te das cuenta, la mentira es tu mejor aliado, y aunque no es un pecado que aparentemente no afecta a los que te rodean, es capaz de dañarte cuando te dejas guiar en un camino de mentiras del cual solo por la gracia de Dios podrías escapar.

Estoy segura que habrán escuchado la frase “hay dos clases de personas en el mundo”. El libro de Proverbios nos enseña que hay seis clases de gente a las que Dios no puede soportar y sí, leíste bien [ver Proverbios 6:16-19 TLA]. Entre la lista que incluye a la gente orgullosa y a la gente violente, esta la gente mentirosa. Me imagino que el Dios que en sí mismo es la verdad no concibe la mentira bajo ninguna circunstancia. Entonces, nosotros, que sabemos que Dios no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse [Números 23:19], y que Él aborrece la mentira, nos acostumbramos a “vivir del cuento” (mentir con frecuencia). A Dios no le agrada la gente que “vive del cuento”. El vivir del cuento nos sale caro al final de la jornada. Además, me imagino que el frecuente practicante de la mentira tiene una memoria excelente, porque memorizarse todos los “cuentos” para que hagan perfecto sentido sin dejar cabos sueltos en su cohesión no es fácil. Pero, como siempre digo: Si vas a emprender un camino de mentiras, asegúrate de que haya un retorno más adelante, no vaya a ser que cuando te quieras devolver, ya sea demasiado tarde. OJO. No es que sea tarde para el arrepentimiento, pero con las consecuencias de los pecados que cometemos tendremos que lidiar todos.

En el otro extremo del mismo plano, está la verdad. Lo cierto es que decir la verdad es difícil. La verdad duele, como dicen por ahí. A veces decir la verdad nos puede meter en problemas. Tal vez hiramos a alguien al decir la verdad. No obstante, la verdad es lo único que puede hacernos libres [Juan 8:32]. Nunca he escuchado de una revolución que no haya costado un alto precio. Así mismo, la verdad, por más alto que sea el precio, nos libra de la mentira. La verdad nos desmiente. La verdad nos desnuda. La verdad es Cristo y por eso duele tanto. Al vernos cara a cara con la perfección misma, nuestra naturaleza de mentira y pecado queda expuesta y sin posibilidad de cubrirse, haciéndonos sentir avergonzados. Pero, espera. Ese es el proceso de la verdad: desnudarte ante Dios para que puedas ser libre de la mentira en la que estás viviendo. Te invito a que te desmientas a ti mismo. Encuéntrate cara a cara con la verdad. Te aseguro que es el mejor retorno cuando estás perdido en un camino de pecado, de mentira, de orgullo y de violencia. Cristo es la verdad y te aseguro que Su historia no ha sido tergiversada, no ha sido alterada, no es ciencia-ficción… Sin embargo, la vida de Cristo sí es la historia más romántica, más emocionante y más hermosa de todas. La vida de Cristo es el hecho más contundente de la verdad y la vida; y lo mejor de todo, es que está basada en hechos 100% reales y 100% verídicos.

Michelle

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