Enseñanzas Básicas: Timoteo Parte I

Ya sé lo que piensan. “Michelle, ¿no sería ‘de Timoteo’ en vez de ‘a Timoteo’?” Bueno… Timoteo en sí no nos enseña mucho. Pablo, por otro lado, sí tuvo mucho que enseñarle a Timoteo. El Apóstol Pablo, uno de los pocos hombres que superan a Chuck Norris y a Bruce Lee juntos, le escribió dos cartas (pudo haber sido más, quien sabe) a un joven llamado Timoteo. Este chico era como un hijo para Él– su verdadero hijo en la fe. Aunque las cartas a Timoteo son epístolas pastorales, creo que las enseñanzas de Pablo a este joven pastor de la iglesia de Éfeso, son aplicables para la iglesia del siglo XXII y nos sirven de pautas básicas para nuestra vida como creyentes en Cristo. Aquí les dejo diez enseñanzas básicas dadas por Pablo a Timoteo.

1. No prives en teólogo. [1 de Tim. 1:3-7]
En estos días escuché unos comentarios de un reconocido cantante cristiano, quien decía que no es responsabilidad de los artistas cristianos enseñar teología en sus canciones. Pocos días después leí un artículo en el cual un líder de alabanza refutaba el argumento del cantante (con el cual estoy completamente de acuerdo, por cierto). Y… ¡bien! Todos tienen voz y voto. Yo siempre doy mi punto de vista acerca del mundo y Chuck Norris en las entradas de mi blog. Pero lo que me preocupa no es el mensaje y la respuesta; si no todo lo que sucede en las redes sociales ante dos puntos de vista diferentes y lo que eso provoca. Conozco personas que se han enemistado por discusiones acerca del cesacionismo y el continuismo, los dones espirituales, temas escatológicos y demás cosas que, al fin y al cabo, no definen su salvación en lo absoluto. Pablo le advierte a Timoteo acerca de involucrarse en vanas palabrerías y en disputas que pudieran causar contienda entre los hermanos. Las discusiones teológicas y doctrinales solo han llevado a una división horrenda de la iglesia (algo así como qué denominación ganará la Guerra Civil Eclesiástica). Pablo le asegura que el propósito de lo que se le ha encomendado es mostrar el amor que sale de un corazón limpio, de buena conciencia y de fe genuina; procurando siempre la unidad entre los hermanos.

2. Pelea la buena batalla. [1 de Tim. 1:18]
Les aseguro que todas las guerras son malas… SÍ, en algunos casos pudieran mejorar la economía de un país, pero siguen siendo MALAS. No obstante, una batalla no es una guerra; la batalla es parte de la guerra. Cada soldado tiene su propia batalla a librar en la guerra. No todos son asignados a las mismas bases y, aunque todos tienen un enemigo en común, no todos luchan contra los mismos soldados enemigos. Entonces, ¿porqué rayos Pablo le dice a Timoteo que “milite la buena milicia”? Los soldados no muestran buen desempeño en la guerra como tal, porque la guerra es la generalidad. Los soldados logran destacarse en las batallas que libren y en como las libren. En lo general, un ejército puede ser excelente, pero la excelencia en lo general es dada por la dedicación en lo específico. No debe ser noticia para nadie que vivimos en constante guerra con la oscuridad, pero cada uno de nosotros tenemos nuestras batallas individuales. Debemos asegurarnos que, en cada batalla que luchemos, peleemos como los soldados de Cristo que somos. De esta forma, el llamado ejército de Dios será temido como debe ser temido y reconocido con la excelencia que le comporta.

3. Ejercítate diario. [1 Tim. 4:7-8]
Hoy en día ser fit está de moda. Confieso que durante un tiempo de mi vida, era una adicta al fitness y a la “salud”. Iba al gimnasio diario (salía como loca los domingos del culto para poder ir al gimnasio), no comía carne ni nada que proviniera de los animales, tenía mi ropa de entrenamiento de las mejores marcas deportivas, guantillas cómodas para entrenar y, como resultado obtuve el cuerpo que siempre quise. Mido 5,7″ y en aquel tiempo pesaba 120 libras. Estaba delgada y en forma– pero sólo físicamente. Así como logré rebajar libras físicas, rebajé libras espirituales. Obviamente, puede que no sea el caso de todos los que se ejercitan, pero en mi caso, fue así. Me preocupé tanto por ejercitar mi físico, que olvidé ejercitar lo más importante: mi espíritu. En el caso de Timoteo, no dudo que, como griego que era, se preocupara por su físico y esas cosas. Pero Pablo, conociéndole, le recuerda que el ejercicio corporal es poco provechoso, mientras que confiar en Dios es mucho más provechoso, tanto para nuestra vida en la tierra como para nuestra vida en el cielo.

4. No te apoques. [1 de Tim. 4:12]
Este es, probablemente, el versículo más destacado de las cartas a Timoteo. “Que nadie te menosprecie por ser joven, mas bien, sé ejemplo.” Entre las características que nos rodean a nosotros los jóvenes, hay muchas que son negativas: impulsivos, irresponsables, dejados, ambivalentes, emocionales, etc. El perfil de Timoteo, según lo que logro entender de las cartas, era aquel de un joven dedicado, apasionado, responsable, preocupado, espiritual, pero, al fin y al cabo, joven. Era normal que en algún momento alguien que fuera mayor que él se negara a tomar un consejo que él pudiera ofrecer. Créanme, es normal que aún suceda. Pero aún y suceda así, no dejes que eso te haga sentir al menos. Decide en tu corazón ser ejemplo en fe, en pureza, en amor, en dominio propio, en comprensión, en sabiduría, en poder, en unción– en todo lo que sea de buen nombre. Te aseguro que si eres un líder, un pastor, un predicador, un evangelista, un maestro o lo que sea… aún si eres joven, si permites que estas cosas te representen, serás el ejemplo que Dios espera que seas. No te apoques y no dejes que te apoquen. Sé ejemplo.

5. Cuídate de ti mismo. [1 de Tim. 4:16]
La Biblia dice en Proverbios que no hay nada más engañoso que el corazón. Dios nos ha prometido que hará grandes cosas a través de nosotros. Sin embargo, esas grandes cosas no son para hacernos grandes, si no para que nosotros engrandezcamos a Dios. Es contraproducente todo esto de recibir de Dios. Para que Dios pueda obrar en ti, es necesario que mengües cada día. De lo contrario, tu propia ambición te destruirá, destruirá tu ministerio y te eximirá de lo que Dios te ha dado. Cuídate de ti mismo; enfócate en Dios.

6. Huye del ocio. [1 Tim. 5:13]
No me gusta sacar versículos de contexto, pero tuve que hacer una excepción. En este versículo Pablo le está diciendo a Timoteo que se asegure que las viudas jóvenes siempre tengan algo que hacer, porque del ocio surge el chisme, la vagancia y la llevadera de vidas (o acoso para crítica, en otras palabras). Así mismo del ocio pueden surgir otros pecados con consecuencias aún peores. Si no, pregúntenle a David. En el tiempo en el que se supone que los reyes iban a la guerra, David se quedó en su palacio. En ese tiempo, David conoce a Betsabé, una cosa llevó a la otra y luego, el gran lío. Así que, si te estás sintiendo vago, recuerda que en República Dominicana la vagancia es un delito y que el ocio te puede llevar a pecar. Busca algo que hacer.

7. Consérvate puro. [1 de Tim. 5:22]
Hay muchas formas de evitar la impureza y solo una forma de conservarse puro: guardando la Palabra de Dios [Salmo 119:9]. La pureza no solo tiene que ver con mantenerse virgen hasta el matrimonio. Hay muchas cosas que pueden hacernos impuros. Los pecados de omisión, por ejemplo. Es obvio que si mentiste, eres el culpable.
PERO si sabes que alguien está haciendo algo incorrecto y te quedas de brazos cruzados, quiero que recuerdes que el silencio te hace partícipe de muchas cosas. Omitir pecados es lo mismo que hacerse partícipe de ellos. ¿Ves un robo? Repórtalo. ¿Sabes que fulano está mintiendo? No lo delates, confróntalo con la Palabra junto a un líder o pastor de tu iglesia para que no parezca chisme y termine en contienda. Asegúrate que la pureza que deseas involucre todo lo que te rodea, incluso tus amigos.

8. Procura la mansedumbre. [1 Tim. 6:11]
Nunca ha faltado un busca-pleitos en nuestro entorno. Siempre hay uno que resuelve con golpes y no con palabras. Sin embargo, Pablo le asegura a Timoteo que la mansedumbre es la clave para mantener la paz entre los hermanos. La impulsividad y la falta de amor en nuestras acciones y palabras sugieren una carencia de Dios en nuestra vida espiritual. Así como Pablo le instaba y reiteraba numerosas veces a Timoteo que conservara la paz entre los hermanos, procuremos nosotros ser mansos y pacificadores en nuestro entorno.

9. Obedece, luego entiende. [1 Tim. 6:14]
Este consejo me golpeó muy duramente en el ego. Me gusta saber lo que estoy haciendo, me gusta que me den detalles. Pero, sí, Dios es detallista… para lo que quiere. Dios es tan genialmente soberano que cuando quiere te da instrucciones claras y detalladas (construcción del Templo) y cuando no, pues se vuelve más pragmático (Abraham). Pero Pablo le asegura a Timoteo que es en la obediencia sin medida donde estamos libre de culpa. Seremos irreprensibles cuando aprendamos a obedecer sin cuestionar a Dios. Siempre y cuando obedezcamos, nadie podrá acusarnos de nada.

10. No te des falsas esperanzas. [1 Tim. 6:17]
Recientemente inicié en mi primer trabajo y debo decir que si hay algo que se va más rápido que los años, eso sería el sueldo. Al leer este versículo recordé lo sobre-dependientes que somos del dinero y las altas esperanzas que depositamos en nuestro salario mensual (los que trabajamos). Siempre estamos contando con algo para hacer otra cosa: si fulana no va al cumpleaños, yo no iré; si no me pagan el 15, no volveré al trabajo… Y al final, dejamos de hacer cosas o perdemos tiempo valioso por esperanzarnos en cosas tan pasajeras como el dinero para vivir la vida de abundancia que ya tenemos en Cristo. Deposita tu esperanza en Dios y verás como todo (hasta el dinero) será lo último en tus preocupaciones para desarrollarte en la vida. ¡Confía en Dios! Cristo es nuestra esperanza.

Michelle

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