De vuelta a casa

Mi mamá siempre ha sido muy “Abrahámica” al momento de recibir invitados en la casa. Cambia los muebles de lugar, les ofrece comida que ni sabía que estaba en la despensa, usa la mejor vajilla, prepara el té con las hierbas más finas y calmantes… La escucho decir repetidas veces cosas como “Siéntanse en su casa” o “Mi casa es su casa” o “Siempre son bienvenidos aquí”. Su mayordomía es admirable. Me imagino que eso hace a los invitados sentirse cómodos. Recuerdo que una vez tuvimos un invitado en la casa que se quedaría por unos días. Le cedimos mi habitación y a la mañana siguiente nos dijo, “Que cómoda es tu cama. Me dieron ganas de quedarme durmiendo.” Es tan confortante cuando nos encontramos en un lugar que nos conviene, que nos sienta. Un lugar donde todo es como nos gusta, donde nuestras reglas son las reglas de todos, un lugar como… Pues, como el hogar.

Tal vez se pregunten por qué, después de tanto tiempo sin escribir, les comienzo a hablar de la comodidad del hogar en vez de disculparme o algo así. Bueno, como siempre les digo, les prometo que tengo un punto. Por un largo tiempo, aunque las leyes humanas han ido evolucionando a favor del pecado, la Iglesia Cristiana ha tenido cierto respaldo de muchas personas en eminencia. Hasta recientemente hacíamos poco para hacernos notar ya que todo se nos era servido en bandeja de plata. ¿Matrimonio gay? ¿Leyes pro-aborto? ¿Sustancias estupefacientes legales? Estos tres y muchas más cosas habían estado en nuestra lista titulada “Eso no va a pasar porque Dios está en control de todo”. Pero, como se habrán dado cuenta, están sucediendo precisamente porque Dios está en control de todo. Yo no sé en qué momento se nos habrá olvidado una de las verdades más absolutas de nuestra fe cristiana: No estamos en casa. Esto no es un hallazgo tipo “descubrí américa” o “Darth Vader es Anakin Skywalker”. Es una realidad. Por mucho tiempo la Iglesia ha estado viviendo cómodamente como parte de una sociedad perdida tratando de iluminar las áreas incorrectas. Hemos estado viviendo como invitados y no como extranjeros. Nos conformamos con la corriente que nos acomoda. Nos hicimos un hogar en una tierra extraña a la cual ni pertenecemos. Nos escudamos en opinar y no en actuar; en criticar y destruir en vez de en edificar. Y cuando en EEUU deciden aprobar una ley que permite que los homosexuales se entreguen en casamiento, lo único que hacemos es compartir imágenes en nuestros muros de Facebook y en nuestros perfiles de Instagram que dicen que Dios ama al pecador pero no al pecado, para luego seguir viviendo nuestras vidas realizados porque darle click a un botón nos hace activistas cristianos de primera clase. Aparentemente nuestras vidas no se ven afectadas por una ley completamente contraria a nuestros principios que se aprobó en un país que no es el nuestro.

No sé ustedes pero todas las cosas que pasan a nuestro al rededor no deberían sorprendernos porque: (1) Cristo viene; (2) La Biblia nos advierte que todo irá de mal en peor; y (3) Todo lo que está pasando Dios lo permite para sacarnos de nuestra comodidad y hacernos reaccionar. “HOLA GENTE! Se están acomodando en un lugar que no es su hogar.” (Me imagino que es más o menos así que nos habla.) Ahora bien, no quiero decir que como no debemos sorprendernos, no debemos hacer nada. No, al contrario. La Biblia nos da una hermosa esperanza cuando nos dice que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia. Solo pienso que en vez de compartir tantos disparates en FB (y me incluyo porque creo haber compartido algo hace unas semanas) debemos orar más porque la voluntad de Dios se cumpla tanto en el cielo como en la tierra. Pienso que, tal vez, en vez de estar pendiente a qué pasará en la “farándula cristiana”, debemos orar más porque Cristo viene y aún hay tantas almas esperando ser liberadas.

No debemos perder nuestro enfoque y misión. Jesús fue claro cuando nos comisionó: Prediquen el evangelio en toda nación y hagan discípulos. Es hora de que vivamos debidamente percatados de que no estamos en casa, estamos esperando que nos pasen a buscar, solo eso. Mientras tanto, somos peregrinos y extranjeros con la única misión de hacer que el Nombre de Jesús sea escuchado y sobre todo conocido por todo la humanidad. ¿Acaso no es esa una labor para mantenernos ocupados hasta que Él regrese para llevarnos de vuelta a casa?

Michelle

 

 

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