Por mucho tiempo la Iglesia ha estado viviendo cómodamente como parte de una sociedad perdida tratando de iluminar las áreas incorrectas. Hemos estado viviendo como invitados y no como extranjeros. Nos conformamos con la corriente que nos acomoda. Nos hicimos un hogar en una tierra extraña a la cual ni pertenecemos. Nos escudamos en opinar y no en actuar; en criticar y destruir en vez de en edificar.

De vuelta a casa

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