Del exceso de pasado

NO TIENE UTILIDAD VOLVER AL AYER PORQUE ENTONCES ERA UNA PERSONA DISTINTA.

Todos tenemos una lista de deseos. Una persona que no aspira, sueña o desea es una persona que cavó su propia tumba. Realmente, hoy no hablaré de sueños. De hecho, quisiera que trataras de recordar alguna vez que tu cerebro te haya recordado algo muy estúpido que hayas hecho en tu pasado. Algo así como un momento “trágame tierra”. ¿Lo tienes? Porque yo tengo varios en lista. Inclusive, hasta hace poco me di cuenta que mi lista de deseos estaba llena de momentos que quisiera nunca hubieran ocurrido y palabras que desearía nunca haber dicho. Mi lista era un secreto a voces de mi exceso de pasado. Y, vamos, seamos serios. ¿Qué no daríamos por la oportunidad de ser Marty Mcfly por un día? Recuerdo que la primera vez que vi el film Back to the Future oraba para que Dios me enviara un DeLorean del cielo con un Doc que me guiara en mi jornada política de corregir lo que está mal y hacer lo que nunca se ha hecho. Hace poco me di cuenta que nunca pasaría y que realmente no debería creer todo lo que veo en películas, ya que no importa cuan emocionantes hayan sido las aventuras de Marty en el DeLorean, al final, siempre tenía que volver a su propio tiempo para vivir su propia vida y construir su propio futuro.

Chocar con la realidad nunca es fácil. Mientras más tiempo vivas en el pasado, más duro será el choque con el presente y más tardarás en ver tu brillante futuro. En mi caso, tengo 23 años y aún no termino la universidad. Me cambié dos veces de carrera universitaria. Mis calificaciones no están como solían en 4.0 GPA. Y básicamente me hartan los lunes. Tengo muchos meses sintiendo lástima por mí misma porque al ver a todos mis compañeros del colegio madurar y seguir adelante con sus planes y proyectos, yo sigo aquí, tratando de sobrevivir a Los Juegos de la PUCMM. He tomado decisiones en mi vida que han sido para bien y de bendición. Pero también he tomado decisiones que me han hecho sentir que he perdido el tiempo o que no soy capaz de ir al son de los demás. Lo grande es que al final nada de eso importa en este momento. No en Dios. En Él he aprendido que no existe tal cosa como las 5 de la mañana o el 2017. Solo el tiempo del propósito [Ester 4:14].

La frase de Alicia que puse al principio me impactó duramente, no solo a nivel personal, si no también a nivel espiritual. No solo tenía problemas viviendo en la Michelle del 2011, si no que me costaba perdonarme por las innumerables veces que le he fallado a Dios. La semana pasada les hablaba acerca de vivir como hijos de Dios. De que como hijos, siempre tendremos acceso al trono de nuestro Padre para hallar perdón. Pero nos cuesta. ¡Cuánto nos cuesta! Para Dios es tan fácil olvidar las faltas. Pero nuestra mente se enfoca tanto en lo trivial que, aún habiendo recibido perdón, nos ahogamos en los recuerdos de nuestro pasado. Es como si nosotros mismos fuéramos al fondo del mar para retener las excusas de nuestros actos y forzarnos a no seguir adelante. Uno de mis predicadores favoritos dijo una vez que Dios nos puede levantar de un fracaso, pero nunca de una excusa. Nunca podremos ver el futuro que Dios tiene para nosotros si el protagonista de nuestro presente es nuestro pasado– o nuestro pecado. Les confieso que aún escribiendo esto siento los punzones del querer rendir mi exceso de pasado a Dios. No es fácil, pero sin olvido no hay espacio para lo nuevo [Isaías 43:18-19].

Ayer éramos personas diferentes de las que somos hoy. Tal vez ayer nuestros padres aún estaban con nosotros. Tal vez ayer no estábamos casados, graduados, empleados. Tal vez ayer éramos felices. Tal vez ayer no teníamos a Cristo y aún nos flagelamos por cosas que ya ni importan. Pero nuestro hoy es lo que marcará nuestro mañana. No sé que más decir para recalcar la importancia de rendirle nuestro pasado a Dios. Nuestros puños solo aguantarán hasta un día. Mientras más pronto olvidemos, más pronto comenzaremos a movernos.

M

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